Hay lugares que tienen un eco especial y La Salle Enea es, sin duda, uno de ellos. El fin de semana del 20 y 21 de febrero, el grupo de asociados y asociadas de La Salle Sector Bilbao se reunió allí para ser testigo del paso valiente de June y reafirmar su identidad compartida.

El encuentro arrancó el viernes a última hora de la tarde. La jornada comenzó con una oración profunda y cuidada. El momento culminante llegó cuando June dio un paso al frente para realizar su compromiso de asociación definitivo. En un mundo de vínculos efímeros, escuchar un “aquí estoy” para toda la vida con el carisma lasaliano fue un regalo para todos los presentes.

Su compromiso no solo es personal, sino que es un soplo de aire fresco para toda la comunidad que recuerda el porqué seguimos aquí y para todos los Hermanos de las Comunidades de Irún, que quisieron acompañarla en este momento.

El sábado, tras el descanso y un desayuno reparador, se inició la mañana nuevamente con una oración, sintonizando nuestros corazones con la presencia de Dios antes de entrar en materia.

Cabe destacar que, en esta ocasión, se compartió camino con Carmen y Manu, de Sanlúcar de Barrameda, que están viviendo una experiencia en Artizar, enseñando español a inmigrantes y compartiendo vida con la comunidad lasaliana de Sestao.

También se contó con la presencia de Chema e Igor, que hablaron de su proceso de solicitud de Asociación y contagiaron su ilusión y ganas de compromiso.

Más allá de la frontera llegaron Isabel y Cecile, de la Fraternidad de Bayona, que compartieron cómo viven ellas su proceso de Asociación al que llaman Fraternidad, poniendo de manifiesto la riqueza del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas en cuanto a vocaciones. Se agradeció mucho la presencia del Visitador Auxiliar del Distrito Arlep (La Salle en España y Portugal), Juan Carlos Orús.

La partida de La Salle-Enea se hizo con la mochila llena. El compromiso de June sirve de faro y la convivencia de estas horas de motor. Los participantes salieron de este encuentro con la certeza de que, cuando se comparte la fe, la mesa y la vida, la misión cobra más sentido que nunca.