El pasado sábado 24 de enero, el emblemático barrio de la Viña de Cádiz se convirtió en el epicentro de la fraternidad cristiana con la celebración del XXIX Encuentro de Hermandades Lasalianas.

El evento, organizado con esmero por la Archicofradía de la Palma de Cádiz, reunió a representantes de diversas corporaciones que comparten el carisma de San Juan Bautista de La Salle en una jornada marcada por la formación, la historia y la convivencia.

La jornada comenzó en el salón de actos del colegio La Salle Viña con una cálida bienvenida y una reflexión espiritual a cargo de la directora del centro, Montserrat Álvarez Oliva, quien subrayó la importancia de mantener vivos los valores lasalianos en el seno de las hermandades. A continuación, tomaron la palabra el Visitador Auxiliar, Jesús Miguel Salazar, y el presidente de FELAN (Federación Lasaliana de Antiguos Alumnos), Manuel Serrano, quienes destacaron la vigencia de esta red de hermandades a nivel nacional.

Uno de los momentos más destacados de la mañana fue la ponencia de la propia Montserrat Álvarez, titulada “Palabras de un hermano a hermano”. Su intervención, cargada de emotividad y cercanía, logró cautivar, reforzando los lazos de unión entre los asistentes.

Tras un breve descanso, la formación continuó con la charla de Manuel Rodríguez, titulada “La Salle: semillero cofrade”. En ella, Rodríguez desgranó cómo los antiguos alumnos de La Salle en Cádiz han sido piezas clave y promotores fundamentales de diversas cofradías gaditanas, haciendo especial hincapié en la trayectoria y vinculación histórica con la Hermandad de la Palma.

El bloque institucional dio paso al litúrgico con la celebración de la Misa Típica Gaditana en la Iglesia de la Palma. La eucaristía fue oficiada por el padre Daniel Robledo, ofreciendo un momento de recogimiento único bajo los sones más tradicionales de esta tierra.

Para finalizar este vigesimonoveno encuentro, los asistentes disfrutaron de un almuerzo de convivencia en el salón de actos del colegio. Este cierre permitió estrechar vínculos personales entre los hermanos de las distintas hermandades participantes, celebrando la alegría de pertenecer a la gran familia lasaliana y renovando el compromiso de volver a encontrarse en futuras ediciones.