El fin de semana del 8 y 9 de mayo, los colegios La Salle de Catalunya celebraron la 49 edición de la PAPAM, Subida a Pie a Montserrat, un encuentro emblemático que cada vez acoge a más peregrinos que hacen ruta desde lugares diferentes con un solo objetivo: hacerse presentes ante la Moreneta y poner en sus manos los anhelos, las inquietudes y la esperanza que llevan en el corazón.

Este año casi 1 500 personas procedentes de 23 comunidades educativas de todo el territorio, emprendieron la caminata desde varios puntos: La Laguna, Gallifa, Hostallets, Manresa y Collbató. Aquellos que habitualmente andaban desde Barcelona y Mollerussa tuvieron que distribuirse entre los demás caminos debido a la peste porcina y la previsión de lluvia intensa.

Con la llegada del amanecer y después de una noche muy intensa, las rutas más largas ya llegaban junto al Monasterio. Fue una noche larga y pesada, pero el ambiente fue sereno y acogedor. Pese a la presencia de nubes y niebla, el tiempo acompañó y no fue hasta el final que la lluvia se hizo presente. Sin embargo, incluso un poco empapados, la sonrisa de los participantes dio calor a la montaña.

Los entornos de Montserrat se convirtieron en espacios de reencuentro, de descanso y de paseo. La montaña acogió, como una casa común, a la gran familia lasaliana, reconocible por las bufandas rosas y las huellas púrpuras que llenan los caminos.

Hacia el mediodía, la llamada silenciosa de la Virgen invitó a entrar en la Basílica. Allí comenzó la celebración, con las palabras de acogida del Hermano Josep Antoni, a quien se entregó simbólicamente la bufanda de la PAPAM. A partir de ahí, se invitó a vivir el encuentro a través de un árbol que, simbólicamente, late como un corazón que representa la propia vida y de unos frutos que las diferentes escuelas ofrecen como símbolo de compromiso y que posteriormente fueron entregados al Cottolengo del Padre Alegre.

La canción “Fratello sole sorella luna” acompañó a la celebración y se convirtió en el hilo musical y espiritual. No se camina solo por superar un reto, sino por hacerlo con ilusión y el deseo de renovarse en la fe, la fraternidad y el servicio.

La jornada se cerró con un gesto sencillo y cargado de sentido: el reparto de coca a pie de plaza. Es la hora de despedirse, pero los participantes lo hacen con el corazón lleno de vida, de comunidad y de esperanza.

La PAPAM contagia impulso para continuar la misión educativa, con la mirada puesta en la Moreneta y en los valores que unen.