En el Día de san Juan Bautista de La Salle, desde el Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, el Vicario General, el Hermano Carlos Gómez, comparte con toda la familia lasaliana la felicitación a todos y todas las personas que como miembros se implican en la misión legada por el fundador, generando respuestas educativas para jóvenes y niños y niñas en todo el mundo,

Recordando el legado fértil del fundador y recordando también los 325 años del envío a Roma de dos Hermanos que fundaron el Instituto, Grabriel Drolin y Nicolás Vuyart, dando el primer paso a la internacionalización, dejando claro que ir más allá de las fronteras y habitar las periferias son parte de nuestro ADN.

El Hermano Carlos pone en valor como hoy seguimos haciendo realidad el sueño del fundador, especialmente donde las realidades educativas son precarias, donde hay necesidades y niños, niñas y jóvenes que claman por una educación que libere, permita soñar y ofrezca las competencias necesarias para abrir camino hacia las oportunidades y hacia una vida digna.

En sus palabras, la educación es la única arma no violenta capaz de cambiar el mundo y la vida de niños, niñas y jóvenes, capaz de construir una paz desarmada y desarmante, tal y como nos pide el papa León XIV.

Por eso, ser La Salle es una opción basada en la construcción de comunidad y en la preocupación por los pobres y vulnerables, una propuesta educativa adaptada a las realidades en las que estamos presentes, en la que las personas están en el centro y en la que prima el compromiso con la construcción de una sociedad justa, equitativa, pacífica, respetuosa con la casa común, basada en una ecología integral, y con la fraternidad como corazón del proyecto educativo.

El Vicario General enfatiza que la educación es un acto de esperanza y nos regala poder convivir con el don y la promesa, sembrar y regar…

En el compromiso con la justicia, la paz, la solidaridad, la inclusión, la integración de la creación y la concordia entre los pueblos La Salle se une a muchas más personas.

Y en un mundo en profunda crisis ética, La Salle busca una propuesta educativa que promueva un humanismo que engendra empatía por quienes sufren e indignación ante la injusticia, para preparar a niños, niñas y jóvenes y que sean protagonistas del cambio que se necesita.

El Hermano Carlos no olvida en su mensaje las situaciones de crisis que estamos viviendo y quiere dejar testimonio. Para él, ante el dolor de la guerra, ante la marginación, la educación muestra horizontes y crea oportunidades para las oportunidades. Por eso recuerda que es el momento de privilegiar las “periferias”. Es el momento de hablar de esperanza, porque la esperanza se configura como una categoría ética, histórica y pedagógica. La esperanza nace del cuidado de la memoria, porque sin memoria no hay futuro. La esperanza abre posibilidades y sostiene el compromiso con la transformación.

Por último, el mensaje no podía cerrarse sin un agradecimiento a los Hermanos, a los educadores y educadoras, y a todos los que ayudan a dar vida a la misión.

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