Este pasado sábado 21 de marzo, cerca de 700 alumnos y alumnas de La Salle Montemolín volvían a reencontrarse en las instalaciones del colegio respondiendo a la llamada del Hermano Lauro Arrate, que hacía unos meses había comentado su deseo de celebrar una convivencia con quienes en su día podían haber sido sus pupilos y pupilas.

La jornada fue muy especial, ya que muchos de los asistentes se volvían a poner cara con quienes fueron sus compañeros y compañeras, aprovechando la ocasión no solo para ver cómo había cambiado el centro, sino cómo habían cambiado sus vidas en los años en los que ya no eran escolares.

Hasta La Salle Montemolín, y para asombro del Hermano Lauro, llegaron antiguos alumnos que hacía más de 40 años que habían paseado por los pasillos y jugado en el patio, y que recordaban con alegría y emoción su etapa estudiantil.

La actividad fue posible gracias a la implicación de un centenar de personas voluntarias, entre educadores y educadoras actuales del centro, como alumnos y exalumnos de promociones recientes, más vinculados al centro por la cercanía temporal.

Los nervios del reencuentro también estuvieron presentes, sobre todo entre los más veteranos, que fueron testigos hace décadas de la inauguración de las instalaciones, mientras otros se alegraban del largo viaje hecho hasta Zaragoza desde Barcelona o Galicia.

El lazo de unión fue el sentimiento compartido de ser miembros de la familia lasaliana y de haberse dejado impregnar por el carisma de la Salle. Además de los recuerdos, las anécdotas y el volver a hacer presentes a los profesores y profesoras que en su día marcaron su camino.

Junto a algunos de estos ya ilustres visitantes se encontraban sus hijos e hijas, a los que enseñaron sus rincones de la infancia e incluso volvieron a sentar en sus pupitres, siendo especialmente emotivo el momento para aquellos que han seguido su trayectoria y han matriculado a sus descendientes en “su colegio”.